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La fábrica de colchones abandonada

He vuelto unos días a casa de mi viejo; para hacerle compañía y así. Ahora le ha dado por tirar cosas. Dice que va a convertir mi cuarto en un despacho. He tenido que rebuscar entre un montón de morralla, pero ha valido la pena. Mira lo que me encontré escrito en un bloc del cole: -La fábrica de colchones abandonada- Vamos a jugar al conejo de la buena suerte... El quinto piso se ilumina con las pequeñas fogatas que han hecho dentro de la fábrica de colchones abandonada. El gobierno no piensa pactar con terroristas, lo han dicho por la tele.   Violeta tiene la piel pecosa y cuando hace calor se le encienden las mejillas.   A veces lo más valiente es salir corriendo. Ha venido mi abuelo para cuidarme y pasar juntos el fin de semana.   Todos han subido al quinto piso pero yo me he quedado en el hall de entrada.   ¡Venga, échale un par de huevos! Pienso en ese hombre solo y muerto de miedo dentro del zulo.   No debería haberme separado d...

Ese actor belga que sale en todas la pelis belgas haciendo de belga

Una vez más, cuando ya no sabía qué llevar al Cash-Converters para seguir pagando el piso, ha sonado el teléfono. Esta vez llamaban para algo bueno. Nada de descargar frigoríficos para una ETT o dar clases particulares de español a algún retrasado. Era para un rodaje: una coproducción belgo-austriaca, de las que pagan bien. A la chef de file le había dado una insolación y necesitaban un sustituto urgentemente. Acepté sin dudarlo y al día siguiente estaba en la rue d'Aerschot de madrugada.   Mi trabajo consistía en encargarme de un rebaño de figurantes hambrientos y parlanchines que soñaban con ser estrellas o llevarse a la boca un plato caliente.   En Reino Unido o América, los figurantes son auténticos profesionales: consiguen memorizar   cada movimiento y reproducirlo a la perfección en cada toma; están sindicados y saben que si el director se dirige a ellos, ese día cobrarán el doble. En otros países, los figurantes no beben durante el rodaje ni desaparecen des...

Síndrome de la cabaña

Ayer cené indio y he vuelto a tener pesadillas.  Bajaba a comprar birras y en la calle no se veía un alma. Ni rastro de coches. La ciudad estaba vacía. Parecía un pueblo en junio, antes de que empiecen las vacaciones. La sensación de paz era casi completa si no fuese por todas esas miradas que se me clavaban desde lo alto. Desde sus ventanas mis vecinos me señalaban o sacaban el   móvil para grabarme. Una anciana salió al balcón y me gritó algo incomprensible. Parecían furiosos pero no estoy seguro: todos se cubrían el rostro con mascarillas. Me voy a dormir otra vez. Mañana te escribo más. Me he vuelto a despertar y esta vez no ha sido una pesadilla. Un grito en la habitación de al lado me ha hecho saltar de la cama. He ido a ver qué pasaba. Théo me ha abierto la puerta con toda la delicadeza y finura propias de un skineto bretón con cuerpo de croissant.   Dice que él no ha escuchado nada, que lo he debido de soñar. El suelo de su cuarto es un desastre. Los pl...

Piel de naranja de Valencia

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¡Gloup, Gloup, Gloup!

Llevo unos días viendo a una chica. Bueno, no sé si “chica” es el término adecuado para ella. Es decir, no es un hombre, pero tampoco es precisamente una chavala. Ya me entiendes. Nada serio. Ya veremos. Sólo te digo todo esto por si dejo de dar noticias. Creo que deberías estar al tanto. Puede que un día un informático en Valencia se entere de que su mujer le es infiel y decida tomarse la justicia por su mano. Pero ya te hablaré otro día de ella. Llevo casi una semana sin probar una gota de alcohol y nunca antes se habían torcido tanto las cosas. Peor que los sanfermines aquellos, cuando me comí una piña con cáscara. Con decirte que he estado a poco de acabar en el calabozo. Volvía de ver un maratón de cine polaco en la Cinemateca. Era tarde y tenía el cerebro hecho papilla. Al pasar por una callejuela del centro, me encontré con un garito que no había visto nunca. Parecía un espejismo salido de la nada. Mientras los restaurantes para turistas desmontaban sus terrazas, un rit...

Mundos paralelos

¡La madre que me parió! Acabo de llegar a casa y estoy de barro hasta las rodillas. Llego a pasar un día más en aquella pocilga y hubiese acabado por gruñir como un cerdo. No siento los dedos de la mano y espero que los de los pies aún sigan ahí cuando me quite la botas. Como te dije la semana pasada, llevo unos días que no consigo concentrarme en nada. Para encontrar algo de inspiración decidí escaparme unos días con unos amigos actores que estaban de residencia en una cabañita perdida en las Ardenas. Sonaba como el retiro perfecto. Las residencias artísticas se podrían resumir como las vacaciones de la gente que no acostumbra a irse de vacaciones. Durante un par de semanas, un grupo de artistas olvidan sus trabajos de camareros y de reponedores para jugar a ser Mary Shelley en la Villa Diodati. Las distintas fases de creación son, a su vez, acompañadas por pequeños banquetes, siestas, lecturas dilatadas de poesía y ensayos, muchas latas de cerveza, discusiones acaloradas hasta ...

Vivir del cuento

¡Saludos, mequetrefe!  Me acuerdo mucho de lo que hablamos sobre el choque cultural y lo jodido que es hacerse pasar por europeo. El otro día estaba en la piscina y un tipo casi se abre la cabeza al resbalarse. Sí, como lo oyes: he empezado a hacer deporte. Una dieta a base de fritanga y cerveza barata exige ciertos sacrificios. El caso es que antes de esnucarse, al fulano le dio por sorprendernos con una coreografía digna del mejor bailarín de Riverdance sufriendo un infarto. Parecía Chiquito de la calzada cuando hacía eso con la pierna. Intenté contener la risa mientras un grupito de bañistas   se acercaba a socorrerle. Todos preocupados, los socorristas llamando a una ambulancia y yo ahí muerto de risa. Me cambié y me marché a toda prisa.   Luego, tomando algo, intenté explicarle a un amigo por qué los saltitos de un señor con camisas imposibles habían supuesto un antes y un después en el humor de mi país. Joder, si hasta llegaron a imprimir su cara en los tazos c...

Resaca

¡Orejotas! Llevo todo el día pensando en escribirte pero no ha sido fácil. Ayer la cosa derrapó un poco y esta mañana he amanecido en un estado lamentable. Creo que voy a dejar el tabaco y quizá empiece a salir menos a partir de ahora. Aquí la gente no sabe beber. Después de cenar ya están como un pimiento y los bares cierran cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes. Ayer salí con unos amigos por la Place Luxembourg. Estaba lleno de niños de papá que trabajan en el Parlamento Europeo. Fui con unos amigos de la Escuela de Cine e intentamos hacernos pasar por peces gordos y vacilar a un grupito, pero nos descubrieron pronto. Esa gente conoce a todo el mundo y nos pillaron a la primera. Luego estuve bailando con una milf que estaba a tope. Me invitó a un par de cubatas y me dijo que había dejado a su familia en Valencia para venir a trabajar aquí. Se la veía bastante sola. Me dijo que igual podría buscarme un trabajillo haciéndoles algún vídeo y luego me preguntó si quería ir a t...

¡Aquí no hay nada!

¡Nos días, Jodido! Vengo del buzón (que está como a tiro de piedra de mi cuarto) y veo tu carta así que me voy a apalancar y aprovecho y te cuento un poco mi desembarco aquí. Resulta que ayer era sábado así que bajé al pueblo para ir al bar, y no había bar, no había ni pueblo. Literalmente, ¡no hay nada! Yo quería pasar un sábado tranquilo, en el bar, jugando al futbolín. Qué mejor, ¿no? El Gobierno ha estado reclutando a los parados para que vayamos a hacer tareas en el campo y a mí me ha tocado maíz. Ay, los pueblos... Por ahora sólo tengo cerveza caliente. Yo nunca había tenido pueblo. En el colegio era uno de esos niños tristes que se quedan en las ciudades los fines de semana y los puentes, en esos viernes prometedores de migrantes internos regresando al pueblo de sus mayores. Llenar el tiempo, por lo tanto, era una incógnita porque nunca sabías en que puerta te iban a responder o a dejarte colgado. Como Yavhé en Egipto buscando pecadores de casa en casa, secuestrand...