¡Tan fácil!
El tramo de autopista que pasa por las Landas es uno de los más peligrosos de toda Francia. Parece imposible cuando lo ves; un desfile interminable de pinos que dan sombra a una carretera sin curvas ni el menor desnivel. Nada más seguro y nada más traicionero. A menudo, los conductores se confían, bajan la guardia y acaban estrellados. En los guardarrailes se acumulan los mensajes y las flores de los familiares alertándonos de los peligros de vivir una vida sin riesgos. El autobús ha parado en una estación de servicio y todos los pasajeros hemos bajado para estirar las piernas, vaciar los esfínteres o comprar algún sandwich infecto. El horizonte se tiñe de naranja y sopla un viento que hace que los pitis se fumen de tres caladas. Volvemos corriendo a acurrucarnos en nuestros asientos y tratamos de dormir para que el viaje se haga más corto. Aquí dentro hay gente que ha madrugado para salir desde Sevilla o más allá de Ceuta. Huele a bocatas de chorizo, a pies hinchados y a pedos t...