¡Hola, cernícalo! Tu última carta era bastante perturbadora, ¿estás bien? Lees La broma infinita, ¿por qué te haces daño? Esta semana no estaba muy inspirado, me siento como si estuviera despistado, con ensoñaciones, levitando como una nube. Esta semana, mi carta, es una carta de amor. Mi amor por X Æ A-12. Mano izquerda, mazorca, mano derecha, desechos; mano izquerda, mazorca, mano derecha, desechos; mano izquierda, mazorca, mano derecha; desechos, mano izquierda, mazorca... La máquina arranca a las siete menos diez de la mañana con una pedorreta de borracho. Encadenado con su bramido de desfile de tanques soviéticos. Siete horas al día, seis días a la semana. Desde hace unos meses, he aprendido a conocerla, he estudiado su respiración, sus caprichos, sus enfados. Su nombre es X Æ A-12, de la serie 2012GBC, no se me va de la cabeza. Su funcionamiento es de lo más sencillo: se vuelcan las mazorcas de maíz en su panza abierta hacia el cielo y ella las defeca sob...
Ayer cené indio y he vuelto a tener pesadillas. Bajaba a comprar birras y en la calle no se veía un alma. Ni rastro de coches. La ciudad estaba vacía. Parecía un pueblo en junio, antes de que empiecen las vacaciones. La sensación de paz era casi completa si no fuese por todas esas miradas que se me clavaban desde lo alto. Desde sus ventanas mis vecinos me señalaban o sacaban el móvil para grabarme. Una anciana salió al balcón y me gritó algo incomprensible. Parecían furiosos pero no estoy seguro: todos se cubrían el rostro con mascarillas. Me voy a dormir otra vez. Mañana te escribo más. Me he vuelto a despertar y esta vez no ha sido una pesadilla. Un grito en la habitación de al lado me ha hecho saltar de la cama. He ido a ver qué pasaba. Théo me ha abierto la puerta con toda la delicadeza y finura propias de un skineto bretón con cuerpo de croissant. Dice que él no ha escuchado nada, que lo he debido de soñar. El suelo de su cuarto es un desastre. Los pl...
¡Nos días, Jodido! Vengo del buzón (que está como a tiro de piedra de mi cuarto) y veo tu carta así que me voy a apalancar y aprovecho y te cuento un poco mi desembarco aquí. Resulta que ayer era sábado así que bajé al pueblo para ir al bar, y no había bar, no había ni pueblo. Literalmente, ¡no hay nada! Yo quería pasar un sábado tranquilo, en el bar, jugando al futbolín. Qué mejor, ¿no? El Gobierno ha estado reclutando a los parados para que vayamos a hacer tareas en el campo y a mí me ha tocado maíz. Ay, los pueblos... Por ahora sólo tengo cerveza caliente. Yo nunca había tenido pueblo. En el colegio era uno de esos niños tristes que se quedan en las ciudades los fines de semana y los puentes, en esos viernes prometedores de migrantes internos regresando al pueblo de sus mayores. Llenar el tiempo, por lo tanto, era una incógnita porque nunca sabías en que puerta te iban a responder o a dejarte colgado. Como Yavhé en Egipto buscando pecadores de casa en casa, secuestrand...
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